Carlos Rodríguez Morales, nacido en Santiago de Chile, vivió desde muy pequeño en el Cerro Barón de Valparaíso y por cerca de 30 años. Fue precisamente, ese entorno, el que marcó la esencia de su espíritu y sensibilidad. Quizás por las huellas que dejan los ventarrones, los temporales, los incendios, los volantines, los amigos de la esquina del barrio, el millón de subidas y bajadas por interminables escalas, las viejas paredes de latas oxidadas de las casas de los cerros porteños. Cómo no mencionar también, las huellas en el pensamiento que dejaron las vistas a diario de esos buques que partieron, y los otros tantos que llegaron desde no sé dónde. Cómo no mencionar la prosperidad y grandeza Valparaíso, de sus grandes empresas y también el dolor y la angustia de la depresión. Hijos, familias que partieron para no volver a pisar los cerros y planes del Puerto.

Desde los años 60’s, avecindado en Quilpué, localidad interior, más tranquila y soleada, comenzó a experimentar la inquietud por la plástica, como autodidacta. Siguieron algunos breves cursos de formación estética con maestros académicos de la Universidad de Valparaíso.

Reconocimientos obtenidos en algunos concursos de pintura brindaron el suficiente apoyo a su vocación de decir cosas a través de imágenes.

La tecnología de este siglo XXI, le ha traído a este momento en que puede llegar, vía internet, a tanta gente empezando por su familia, sus amigos, y muchas personas más que se espera vendrán a interactuar con él en esta propuesta, que es simplemente eso… su propuesta.

 

 

GRATITUD

Dedico esta presentación a mi esposa, quien en aquella Navidad de 1983, me regaló óleos, pinceles y una paleta diciendo… ” en adelante, tienes que pintar en serio, se acabaron las caricaturas, monitos animados y bocetos”….. ¡Gracias Lucia!.

Agradecimientos a mis hijos, Carlos Gerardo y Álvaro Ramiro, por su permanente apoyo, y por la felicidad de ver que ellos han sabido remontarse en esas esferas de la vida donde yo no alcancé.

Especial agradecimiento al gestor de esta página web, mi hijo Álvaro, creativo por excelencia y bellísima persona.

 

 

COMENTARIO AUTORIZADO:

Carlos Rodríguez, siendo un pintor autodidacta, consigue con su intuición plástica, transmitirnos a través de su obra, el sentido puro y diáfano de lo nuevo, sin mácula del academicismo, que muchas veces trastoca el alma del creador, sobre todo cuando no existe el auténtico compromiso espiritual que ciertamente anima el espíritu selecto del expositor que hoy nos invita, mediante su realización plástica, a seguir degustando de una imagen espiritualizada y concientizada en lo tradicional figurativo.

Rodríguez, es con su obra una clara muestra como el espíritu humano con real compromiso, puede alcanzar una verdadera belleza, sostenida y contenida en una técnica y forma simples, pero a la vez llena de belleza estética.

LEON SANTORO FUNES
Crítico de Arte